El papel picado, una tradición muy arraigada en la celebración del Día de Muertos en México, es una expresión artística que combina técnica y culturalidad. En un taller familiar en Xochimilco, fundado hace casi cuatro décadas por el artesano Arturo Torres, se produce este icónico adorno que representa tanto la memoria de los difuntos como la unión familiar. El proceso de elaboración es meticuloso y artesanal, utilizando únicamente herramientas manuales para cortar el papel con precisión. Las creaciones, que incluyen diseños personalizados, han alcanzado un mercado internacional, llevando la esencia del Día de Muertos más allá de las fronteras de México. Este arte, que tiene raíces prehispánicas y se ha transformado con el tiempo, no solo se utiliza para honrar a los muertos, sino que también se emplea en diversas celebraciones, reflejando su versatilidad y significado en la cultura mexicana.


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