El texto enfatiza que China, a pesar de su implementación de mecanismos de mercado, no es un país capitalista. El control estatal sobre los medios de producción y la propiedad privada es fundamental. El sistema legal chino establece que la tierra es en su totalidad propiedad del Estado o de colectividades rurales, y las concesiones de uso de la tierra son temporales. Además, el Partido Comunista Chino (PCCh) tiene un rol importante en las grandes empresas, garantizando que estas se alineen con las directrices del estado. Se menciona también la censura y el sistema de vigilancia como elementos representativos del control social ejercido por el régimen. Finalmente, se concluye que en un verdadero sistema capitalista, los derechos de propiedad y las libertades civiles serían fundamentales, lo cual no ocurre en China, afirmándose que el capitalismo real no puede existir bajo el dominio absoluto del Estado.


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