En el complejo panorama energético global, China ha consolidado su hegemonía al controlar el 90% del mercado de módulos solares y el 80% de los sistemas de almacenamiento energético. Esta ascendencia no es fortuita; se ha logrado mediante subsidios agresivos y prácticas como la ingeniería inversa. La Unión Europea ha advertido la dependencia preocupante de la tecnología china, destacando cómo Pekín utiliza los controles de exportación como una palanca estratégica en el comercio internacional. Expertos como Severo López Mestre indican que este fenómeno representa un riesgo crucial para la soberanía energética, especialmente para naciones como México, que deben enfrentar la dicotomía de impulsar su transición energética mientras evitan una dependencia perjudicial de China. La situación se complica ante las tensiones comerciales con Estados Unidos, que podría presionar a Europa y a México para reducir sus vínculos tecnológicos con Pekín. Para contrarrestar esta dinámica, se están implementando leyes en la UE para fomentar la tecnología local y limitar la influencia china en sectores críticos. Lo anterior sitúa a México en una encrucijada: necesita desarrollar políticas que resguarden sus intereses nacionales mientras navega las complejas relaciones comerciales internacionales.


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